jueves, 6 de noviembre de 2008

Recuperar el liderazgo

Editorial de Jorge Eliécer Orozco Dávila


El gobernador del Quindío tiene entre otras obligaciones con el departamento, la de hacer un esfuerzo para que se recupere el liderazgo y la moral pública como norma suprema de la administración.
Lo puede hacer en la medida en que la fiscalía lo exonere de la culpa que le endilga por una presunta falta siendo gerente de la Lotería del Quindío. Lo que dijo el zar anticorrupción en sus declaraciones al diario El Tiempo el lunes, no es nada nuevo. La misma versión que ha venido haciendo carrera y que ha hecho que el gobernador tenga que soportar la desagradable molestia que el asunto le ha causado. No se sabe si es enemistad, si es un odio personal el que atiza, si se trata de una oposición política o qué exactamente hay detrás de ésto. Lo peor es que el daño se le está haciendo ahora con más fuerza al departamento. La administración de justicia debe acelerar cuanto antes las dudas, para que le abra el camino al desarrollo. Para que la administración pueda poner en marcha el cumplimiento todas sus obligaciones, sin los obstáculos que hoy se le presentan. Ahora lo que está pasando, no es más que un despellejamiento. Contra los intereses del Quindío se está poniendo en juego la reputación de un funcionario —el gobernador del departamento— a quien la justicia no ha condenado. Si el estribillo continúa, al departamento lo siguen llevando al precipicio. Ese es el grave peligro al que está expuesto el Quindío si la fiscalía no agiliza los trámites de la investigación. Hay otros casos de corrupción muy graves, que igualmente siguen ahí, como si los mecanismos de investigación fueran insuficientes para buscar técnica y científicamente las pruebas del delito. Y eso que el fiscal General de la Nación habló de la evidencia de la corrupción y que fue la primera autoridad en la Fiscalía General de la Nación, la que dijo y alertó sobre el problema más grave del Quindío. No hay que olvidar que según el fiscal aquí no es grave el problema de guerrilla, ni el de paramilitarismo y ni siquiera el de delincuencia común; el mal de esta región es según él, la corrupción en la administración pública, pero hasta ahí, hasta decir eso y coadyuvar a que el Quindío esté como en este momento en la picota pública, pero sin acciones de la propia fiscalía que determinen la veracidad o no de las afirmaciones. La administración quiere producir un cambio, pero como el departamento tiene un punto débil y es su problema moral, no arranca el motor en el que hay que confiar el trabajo para la recuperación del liderazgo. El descreimiento es fatal y distorsiona lo que el gobierno departamental quiere para los quindianos y mientras el tiempo pasa, sigue el frío silencio de la fiscalía, permitiendo con su actitud, que algunos medios repitan el mismo estribillo y tapando sin proponérselo, el paquete de inmoralidades cometidas por anteriores administraciones. Los serruchos, los peculados, las mordidas, las coimas y chanchullos del pasado se están quedando atrás y como no hay decisiones de la justicia, las propuestas de moralización del actual gobierno seccional no pueden arrancar. La llegada de Javier Ramírez Mejía a la dirección de Planeación departamental es un gran paso y hace parte del interés del gobierno seccional por restablecer el orden moral y recuperar el liderazgo regional. El gobernador va a tener que hacer más cosas, parecidas al acto de independencia política que lo llevó a nombrar a Ramírez Mejía para que le hiciera la planeación al departamento en su gobierno. Más decisiones que sirvan como prueba de que no se está dejando amedrentar.

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