Las neveras políticas
En los áridos tiempos políticos que se viven ya no hay quien mueva ni mucho menos quien conmueva a las multitudes. Abundan los aprovechadores y los vividores, más ya no los lúcidos de pensamiento resplandeciente y de caras y respetables ideas.
El Quindío se empobreció de espíritu; la poquedad abraza en su timidez un mundo de insignificancias y de ellas viven los molestos y aburridos mandaderos del decadente partidismo regional. Como en el decir popular, “no hay por quién llorar”.El gran pecado de los más honrados dirigentes de otra época, fue el no haber trazado un camino con mejores horizontes para el devenir partidista de la región. No haber alentado el ambiente para la heredad regional con mejores sucesores. Los exponentes de ideas se fueron, porque los caminos fueron cerrados y porque aquí se frustraban las mejores esperanzas. Se murieron los creadores políticos del departamento y salvo uno de sus héroes vivo, no quedó nadie al mando de las barcas que ya han zozobrado en las corrientes sucias y contaminadas de la perversidad.
El paradigmático escritor franco-argelino Albert Camus en la Francia de la Postguerra, dijo alguna vez: “En cuanto el hombre que dirige las masas pierde la capacidad de emoción ante un ser individual, no sólo ya no posee la capacidad para entender al ser humano sino que se trata apenas de un ente mecánico que no comprende sino que goza a la masa y por ello mismo no será capaz jamás de aproximarse hacia la búsqueda de la felicidad de una vida que es apenas una sucesión de hechos cotidianos”. Dónde están aquí y cuáles son, los políticos dirigentes con capacidad de emoción. Ese sentimiento de sorpresa y de alegría está perdido en el tiempo y el espacio de una clase empobrecida espiritualmente, pero además sumida en la miseria por el deceso doloroso del pensamiento y las ideas políticas.
Hay que rescatar la política, sacarla de ese hielo, de esa nevera en la que se congelaron todos los valores y empezar a construir la escuela en cuyas aulas se formen los dirigentes que la sociedad espera para la conducción y dirección de la política.
Si esto no se hace, es decir, sino se empieza desde ahora a enriquecer los cuadros directivos del partidismo, sino se valorizan los entes políticos, el efecto empequeñecedor seguirá haciendo estragos.
El Quindío dentro de las múltiples dimensiones vitales de su juventud y de sus nuevas generaciones, tiene más futuro que presente. Con nuevas estructuras y con la promoción de un nuevo liderazgo se puede retomar la fuerza perdida ya en la política regional. El poder con una práctica noble dentro de las ambiciones humanas, será más digno y merecido si se transita por los caminos de la democracia y no por el despotismo personalista.
Lo que hay es nada y vale poco. Con las existencias de hoy no alcanzará el Quindío a subsistir en la democracia colombiana. De las gargantas de lata que vociferan en los medios de la politiquería radial no salen más que derroteros, para que se construyan las campañas y en ellas, los discursos callejeros sin lucidez, sin contenido, politiquería de precarias y enfermas anotaciones. Así está el Quindío, así es la política que hoy se hace en él. El panorama es sentido y nostálgico, porque es particularmente doloroso.
A la juventud hay que abrirle espacios y hacerlo cuanto antes, para romper el esquema miope y mezquino de lo que es hoy la política regional. Ni avivatos, ni desmedidos incultos comensales de galería, pero tampoco improductivos corruptos, pueden seguir siendo la base piramidal por las que se trepa sin mérito a los puestos representativos de la política. Hay que ser exigentes para sacar la política de los terrenos áridos en los que en estos tiempos se cultiva.

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